Cómo guiar sin controlar a los hijos jóvenes, es todo un reto para madres y padres que nos encontramos en esa etapa.
Cuando hablamos de crianza y la relación entre padres e hijos, especialmente en la adolescencia y juventud, entramos en un terreno emocionalmente complejo.
En este punto de la vida, los padres nos enfrentamos a un dilema crucial: ¿Dónde está el límite entre aconsejar, prohibir, recomendar y, finalmente, permitir que los hijos emprendan su propio vuelo?
Este desafío, que puede parecer casi imposible de resolver, es también una oportunidad única para cultivar la inteligencia emocional y fortalecer los vínculos familiares.
Querría que juntos exploremos cómo abordar estos límites con empatía, autoconsciencia y respeto.
El dilema del control versus la autonomía
Una de las mayores tensiones en la crianza de nuestros hijos jóvenes, es mantener el equilibrio entre brindar orientación, y dejar que los hijos tomen decisiones propias, incluso si estas conllevan riesgos.
Daniel Goleman, autor del libro:»Inteligencia Emocional», sostiene que el desarrollo emocional de los hijos requiere tanto apoyo como libertad. Los padres que tienden a prohibir de manera excesiva o imponen reglas sin espacio para el diálogo, suelen limitar la capacidad de sus hijos para aprender de sus errores y desarrollar su criterio. Por otro lado, la falta de orientación puede llevar a los jóvenes a sentirse desamparados en momentos de incertidumbre.
Como madres y padres, podemos preguntarnos: “¿Cómo puedo acompañar a mi hijo en su toma de decisiones sin imponer mis miedos o expectativas?”. Esta simple reflexión permite actuar desde un lugar de apoyo en lugar de control.
Así mismo, es importante no olvidar que fuimos también jóvenes, y conectar con lo que sentíamos y como nos sentíamos en esa etapa, nos acerca a entender a nuestros hijos, desde un lugar más amable.
En este sentido, el coaching puede ofrecer una perspectiva y una mirada con menos juicios. El Coaching Ontológico y Social, en el que me he formado, aborda esta etapa, con la creencia firme en que el joven puede con orientación y cariño tomar decisiones adecuadas para sí mismo. Desde esta disciplina, se trabaja con preguntas poderosas y escucha activa, como alternativa a imponer soluciones.
El papel de la recomendación en la crianza consciente
¡Recomendar es un arte!
No se trata de dar consejos, sino de ofrecer perspectivas sin que las sientan como imposiciones.
Imagina que tu hijo adolescente está considerando unirse a un grupo de amigos que no te generan confianza. En lugar de decir: “No quiero que salgas con ellos”, podrías optar por: “¿Qué valores crees que comparten estas personas contigo? ¿Cómo te hacen sentir cuando estás con ellos?”. Este enfoque no solo fomenta la reflexión crítica, sino que también refuerza la confianza entre padres e hijos.
Un estudio publicado en Journal of Adolescence (2019) resalta que la comunicación abierta y basada en el respeto es clave para que los jóvenes interioricen los valores familiares sin sentir que estos les son impuestos. Al recomendar desde un lugar de autenticidad y empatía, los padres podemos convertirnos en guías en lugar de figuras autoritarias.
La trampa de la prohibición excesiva
Prohibir puede ser tentador, especialmente cuando los padres percibimos que los hijos están a punto de tomar decisiones que podrían tener consecuencias negativas. Sin embargo, el exceso de prohibiciones a menudo genera el efecto contrario: los jóvenes sienten la necesidad de rebelarse para afirmar su independencia.
En palabras de Jesper Juul, terapeuta familiar y autor de «Tu hijo, una persona competente», las prohibiciones deben reservarse para situaciones en las que realmente están en juego los valores fundamentales o la seguridad de los hijos.
Por ejemplo, si un hijo joven desea realizar un viaje aun sin estar preparado emocional o financieramente, el «no» podría venir acompañado de una explicación honesta: “Entiendo que quieras esta experiencia, pero creo que primero necesitamos trabajar en algunas habilidades para que sea seguro y enriquecedor para ti”.
La clave está en convertir las prohibiciones en oportunidades para el diálogo y el aprendizaje. En lugar de imponer límites arbitrarios, es más eficaz explicar los «por qué» de cada decisión y mostrar voluntad para reconsiderar cuando sea posible.
Dejar volar: la prueba definitiva de la confianza
Dejar volar a los hijos puede ser una de las tareas más desafiantes para los padres, pero también es una de las más necesarias.
En la medida en que los jóvenes ganan experiencia y confianza en sí mismos, necesitan oportunidades para poner en práctica lo que han aprendido, incluso si eso significa enfrentar fracasos.
La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby, enfatiza que un apego seguro en la infancia permite a los jóvenes explorar el mundo con confianza, sabiendo que tienen un «puerto seguro» al que regresar. Para los padres, esto implica que aceptemos que no podemos proteger a los hijos de todas las dificultades, pero sí estar presentes para brindar apoyo cuando sea necesario.
Un ejemplo común es la decisión de elegir una carrera o mudarse lejos de casa. Aunque como padres podamos tener nuestras propias opiniones o preocupaciones, permitir que los hijos sigan su propio camino fortalece su autoestima y su capacidad para enfrentar retos futuros. Como dice el adagio popular: “Dales, raíces y alas”.
Cultivar la inteligencia emocional para navegar estos límites
Para gestionar el equilibrio entre aconsejar, prohibir, recomendar y dejar volar, es fundamental que los padres trabajemos en nuestra propia inteligencia emocional. Esto incluye:
- Autoconsciencia: Reconocer cómo nuestras propias experiencias y miedos influyen en nuestra forma de criar.
- Empatía: Ponernos en el lugar de los hijos, entendiendo sus emociones y perspectivas sin juzgar.
- Regulación emocional: Evitar reacciones impulsivas que puedan dañar la comunicación.
- Habilidades sociales: Fomentar el diálogo abierto y la escucha activa.

El equilibrio como camino, no como destino
No existe una fórmula mágica para determinar el momento exacto en que los padres debemos aconsejar, prohibir, recomendar o dejar volar.
Cada familia es única, y lo que funciona para unos puede no ser adecuado para otros. Sin embargo, lo que sí es universal es la importancia de cultivar una relación basada en el respeto mutuo, la comunicación honesta y el amor incondicional.
Al final del día, el objetivo de la crianza no es criar hijos perfectos, sino seres humanos capaces de enfrentar la vida con confianza, empática y resiliencia.
Los padres no estamos aquí para controlar cada paso de los hijos, sino para caminar junto a ellos hasta que puedan volar por sí mismos. Y cuando llegue ese momento, el mayor regalo que podemos darles es nuestra fe en su capacidad para encontrar su propio camino.
Si encuentras dificultades a la hora de encontrar este equilibrio al acompañar a tus hijos jóvenes o bien quieres trabajar en ti (tus creencias, miedos, dolores…) porque crees que puede estar influyendo negativamente en la crianza de tus hijos o en como tú gestionas el día a día con ellos, podemos tener una primera sesión de evaluación y toma de contacto y si te apetece, continuar con un proceso de coaching el tiempo que necesites.
Y recuerda, no somos perfectos, no tenemos un libro de instrucciones a la hora de educar, solo somos y hacemos cada día, lo mejor que sabemos y podemos.
Un abrazo amoroso 😉
Arantxa


