La emoción de la pereza en los adolescentes y jóvenes, es muy común y la suelen expresar sin pudor.
En su lenguaje habitual no es raro escucharles esta expresión: «¡Qué pereza!», ante peticiones o retos a los que han de enfrentarse: exámenes, responsabilidades cotidianas, e incluso actividades que en principio son de su agrado.
La pereza es una emoción que, aunque muchas veces se malinterpreta como simple falta de voluntad o desinterés, en realidad trae un mensaje importante sobre el estado emocional y mental de un adolescente.
No es solo «no querer hacer algo», sino que puede ser una señal de que algo más profundo está ocurriendo.
Seguramente has escuchado frases como «mi hijo es un vago», «los adolescentes de hoy en día no quieren hacer nada», «solo piensan en estar acostados con el móvil».
Pero, ¿qué hay realmente detrás de esa aparente pereza? ¿Es solo falta de voluntad o hay algo más profundo en juego?
La pereza como emoción: ¿qué mensaje esconde?
Daniel Goleman, en su trabajo sobre inteligencia emocional, nos recuerda que todas las emociones tienen una función adaptativa. La pereza no es la excepción.
Desde una perspectiva humanista, Carl Rogers nos habla de la importancia de atender la experiencia interna de la persona en lugar de juzgar su comportamiento externo.
Si observamos la pereza desde este enfoque, podríamos preguntarnos: ¿qué nos está queriendo decir un joven cuando parece no tener ganas de hacer nada?
La pereza suele ser un síntoma, no la causa. En muchos casos, lo que llamamos «pereza» puede estar reflejando:
- Desmotivación: Falta de conexión con lo que se espera que haga. ¿Tiene sentido para él/ella esa tarea? ¿Siente que tiene un propósito?
- Miedo al fracaso: Si hay inseguridad sobre sus capacidades, puede evitar la acción como mecanismo de protección.
- Cansancio emocional o mental: Sobrecarga de tareas, expectativas o presión social pueden llevar a una especie de “bloqueo” donde el descanso es una necesidad, no una opción.
- Falta de autonomía: Si un joven está demasiado acostumbrado a que le digan qué hacer, puede que no haya desarrollado el músculo de la autogestión y la iniciativa propia.
- Desconexión con las emociones: Si un adolescente está desconectado de lo que realmente siente o necesita, la pereza puede ser una señal de que hay algo interno que no está siendo atendido.
¿Qué nos dice la mente cuando sentimos pereza?
- «No tengo energía para esto» → Revisa si hay cansancio acumulado.
- «No me interesa» → Pregunta si la actividad tiene sentido o conexión con tus valores.
- «Me da miedo equivocarme» → Observa si hay una creencia limitante o miedo a la crítica.
- «No sé por dónde empezar» → Puede ser una señal de que la tarea parece demasiado grande o difícil.
¿Cómo se manifiesta la pereza en el cuerpo?
- Sensación de pesadez en el cuerpo, especialmente en brazos y piernas.
- Falta de energía o ganas de moverse.
- Postura encorvada o tendencia a quedarse en el mismo lugar.
- Bostezos frecuentes o sensación de somnolencia.
- Respiración más lenta o superficial.
- Necesidad de dormir gran cantidad de horas al día.
La pereza, como vemos, puede ser una emoción que si se normaliza en el tiempo, puede causar un estado de ánimo de desmotivación y falta de sentido, que en los adolescentes puede llegar a desconectarles de sus obligaciones, entrando en un estado de inactividad y somnolencia recurrente.
Los conocidos como «Ninis», jóvenes que no estudian ni trabajan (etiqueta por cierto terriblemente dañina y destructiva para quien la recibe), podrían esconder en gran medida esta emoción, esa pereza a moverse de su estado actual y a ponerse en movimiento.
Padres y educadores podríamos preguntarnos: ¿Qué hay detrás y que esconde esta pereza?.
Herramientas para transformar la pereza en acción consciente
Nuestro reto está en que los jóvenes encuentren «ese motivo», «ese para qué» que active la palanca de la motivación y les saque de ese estado de adormilamiento.
¿Qué herramientas pueden ayudar a acompañar esta transformación?, ¿Qué recursos como joven puedes indagar para revertir este estado emocional?:
- Escucha activa y validación emocional En lugar de juzgar su comportamiento, podemos preguntarle con curiosidad genuina: “¿Qué sientes cuando te pido que hagas esto y no tienes ganas?” A veces, solo el hecho de ser escuchados sin ser juzgados puede ayudarles a aclarar lo que realmente está ocurriendo en su interior.
- Exploración de intereses y sentido de propósito Muchas veces, los jóvenes se desmotivan porque no encuentran sentido en lo que hacen. Preguntarles qué les apasiona, qué los hace sentir vivos y ayudarles a conectar tareas con sus valores personales puede despertar su interés.
- Pequeños compromisos y autonomía progresiva En lugar de imponer grandes cambios, invitar a hacer pequeñas acciones puede generar un efecto acumulativo de confianza y acción. La pregunta clave aquí es: “¿Cuál es el primer paso mínimo que podrías dar hoy?”
- Gestión del miedo al fracaso Muchos jóvenes evitan la acción por temor a equivocarse. Ayudarles a cambiar la narrativa del error, viéndolo como aprendizaje en lugar de fracaso, puede hacer una gran diferencia. Aquí, la auto empatía y el permiso para no ser perfectos son claves.
La pereza como oportunidad de crecimiento
Si miramos la pereza como un síntoma en lugar de un problema en sí mismo, podemos entender que detrás de ella hay necesidades emocionales no satisfechas.
En lugar de combatirla con presión o reproches, podemos usarla como una brújula que nos ayude a comprender mejor qué necesitan nuestros jóvenes para sentirse motivados y en conexión con su vida.
Podemos acompañarlos con preguntas, escucha y estrategias que les ayuden a descubrir su propia motivación interna.
Al final, el objetivo no es que hagan más cosas porque «deben», sino que encuentren el sentido en lo que hacen y se conviertan en protagonistas de su propio camino.
En lugar de ver la pereza como algo negativo, es útil preguntarse: ¿qué necesita mi cuerpo y mi mente en este momento? A veces, la respuesta es descansar, otras veces es cambiar la forma en que abordamos una tarea o encontrar motivación en lo que hacemos.
La pereza no es el enemigo, sino una señal que nos invita a escuchar nuestro interior.
¿Cómo acompañar la pereza en los adolescentes desde el coaching?
El coaching nos invita a mirar más allá de la superficie y a hacer preguntas poderosas en lugar de quedarnos con interpretaciones automáticas. En lugar de etiquetar a un joven como «perezoso», podemos preguntarnos:
- ¿Qué historia se está contando sobre sí mismo cuando evita hacer algo?
- ¿Cómo percibe su capacidad de influir en su propio futuro?
- ¿Qué emociones están realmente en juego cuando parece desmotivado?
- ¿Qué motivación encuentra en hacer esto o comprometerse con aquello?
- ¿Cuál podría ser el primer paso para ponerse en acción y empezar a cambiar su estado actual?
Desde esta mirada, el desafío no es “sacarlo de la pereza” a la fuerza, sino ayudarlo a reconocer sus emociones, validar su experiencia y encontrar su propia motivación interna.
Herramientas como: «Mi mapa» donde puedan plasmar su pasado, presente y como se ven en el futuro, o escribir una carta a «Mi yo futuro» donde recojan como quieren ser y estar de aquí a por ejemplo 5 años, puede ayudarles a encontrar los motivos para empezar a salir de este estado.
En los procesos de coaching que acompaño, cuando esta emoción está presente, elaborar un Plan de Acción, con pequeños pasos concretos, micro pasos con fechas concretas de realización, que puedan ir nombrando, evaluando, midiendo y si es necesario ajustando, es clave para ir saliendo de esta emoción tan paralizante y moviéndose a estados de ánimo de mayor autoconfianza y bienestar.
Un proceso de coaching puede ser la palanca para transformar esta pereza en propósito y motivación.
Un abrazo amoroso,
Arantxa


