Empezar de nuevo: cuando los estudios elegidos, no son lo esperado

Fracaso vs Oportunidad

Elegir estudios, ya sea un Grado Universitario o de Formación Profesional, es una de las decisiones que más inquietud genera en los jóvenes y en sus familias.

Con frecuencia se vive como una elección definitiva, cuando en realidad se trata de un proceso de exploración e identidad.

Los y las jóvenes en edad de elegir su futuro académico continúan en la etapa de la adolescencia, han ido definiendo su identidad y están en el proceso de llegar a ser adultos, pero su cerebro no ha terminado de formarse del todo.

En esta etapa no están totalmente definidos valores, elecciones y prioridades.  No han conectado del todo con sus talentos innatos y habilidades, y siguen en proceso de desarrollar su camino y su identidad, por lo que a veces decidir su futuro académico puede estar sujeto a factores externos más que internos, y provocar a medio plazo desencanto al descubrir que los estudios elegidos no son lo esperado ni deseado.

Sin entrar al debate de la educación en España, los métodos de aprendizaje, y su contacto con la realidad laboral, ya en el desarrollo de los años de estudio (bien Grados Universitarios, Grados de FP) puede aparecer este desencanto con los contenidos, materias, profesorado y sentir esta desconexión con lo elegido.

Transformar el desencanto en oportunidad

Elegir estudios, ya sea en la universidad o en la Formación Profesional, es una de las decisiones más importantes en la vida de un joven.

Se espera que a los 16, 17 o 18 años se pueda definir con claridad quién se es, qué se quiere y hacia dónde dirigir la vida profesional.

La realidad, sin embargo, es que muchas veces esa decisión se toma con información parcial, bajo presión y con la influencia de expectativas externas.

Cada año, miles de jóvenes llegan a segundo, tercero o incluso cuarto curso y descubren que aquello que comenzaron no es lo que esperaban.

Sienten frustración, decepción y miedo.

¿He perdido tiempo?

¿Qué pensarán mis padres?

¿Cómo explico a mis amigos que quiero dejarlo?

Esta experiencia, lejos de ser una excepción, es cada vez más común en un mundo que cambia rápido y en el que las profesiones se transforman constantemente.

El mito del fracaso en la sociedad actual

Nuestra sociedad tiende a valorar la constancia, la linealidad y los logros visibles.

Cambiar de rumbo a mitad de camino suele interpretarse como un fracaso.

Sin embargo, este concepto de fracaso es socialmente construido: se mide en función de los resultados esperados por otros, más que por el aprendizaje real de la persona.

Martin Seligman, padre de la psicología positiva, insiste en que las experiencias difíciles forman parte de la construcción de la resiliencia. Lo que llamamos “fracaso” es, en realidad, información valiosa sobre quién soy, qué me interesa y qué no estoy dispuesto a seguir sosteniendo.

El fracaso como etiqueta social genera vergüenza y bloquea la capacidad de reinterpretar lo vivido como parte del aprendizaje.

En cambio, cuando se mira desde la inteligencia emocional (Goleman, 1995), se convierte en una oportunidad para reconocer las emociones presentes —tristeza, frustración, miedo— y gestionarlas con consciencia, en lugar de huir de ellas.

El peso de las expectativas sociales y familiares

A menudo los jóvenes eligen estudios condicionados por factores externos:

  • La profesión que da “estatus”.
  • Lo que familiares y docentes consideran una “buena salida”.
  • El deseo de cumplir expectativas y no defraudar.
  • Comparaciones con hermanos, amigos o modelos sociales.

Cuando el camino elegido no resulta satisfactorio, aparece un dilema: continuar por compromiso o tomar la decisión difícil de empezar de nuevo.

Aquí entra en juego el concepto de identidad personal, trabajado por Daniel Siegel, quien sostiene que la adolescencia y la juventud son etapas donde se explora quién se es realmente.

El cambio de estudios puede ser, más que una desviación, una oportunidad para acercarse con mayor autenticidad a esa identidad en construcción.

Cambiar la narrativa: del “he perdido años” al “he ganado claridad”

Desde el coaching ontológico (Echeverría, 2003), entendemos que el lenguaje no solo describe la realidad, sino que la crea. La forma en que los jóvenes interpretan su experiencia marca el futuro que podrán construir:

  • “He perdido tres años” encierra resignación.
  • “He ganado tres años de autoconocimiento” abre posibilidades.

Los padres y madres pueden jugar un papel clave en esta resignificación. En lugar de insistir en la “pérdida de tiempo”, pueden acompañar con preguntas que abran horizontes:

  • ¿Qué has descubierto sobre ti durante este tiempo?
  • ¿Qué aprendizajes te llevas más allá de las materias?
  • ¿Cómo puedes usar lo aprendido en tu próxima etapa?

El papel de madres y padres

En muchas ocasiones, en sesiones que facilito con madres y padres, viven no solo con gran preocupación, sino como un fracaso no ya de sus hijos sino de ellos mismos, estos cambios de rumbo o desencanto con los estudios elegidos.

Es difícil aceptar para nuestras generaciones de padres y madres, en las que muchos estudiamos lo que nos indicaron nuestros mayores, incluso seguimos su estela estudiando lo mismo que nuestros progenitores, este “abandono” de estudios y deseo de cambiar los mismos o abrir otras posibilidades.

Padres y madres hemos de hacer una profunda reflexión y entender que la realidad ha cambiado por completo y que el hecho de que decidan cambiar de rumbo tiene que ver con su propio camino e identidad, y es su responsabilidad y elección personal la que cuenta.

Es su vida, no la nuestra.  

Carl Rogers (1961) defendía la importancia de la “aceptación incondicional positiva”: escuchar sin juzgar, acompañar sin imponer. Cuando un joven se siente comprendido en su dolor, encuentra la fuerza para dar pasos hacia adelante.

Las familias pueden:

  • Reducir la presión social interna: recordar que el camino profesional ya no es lineal, que las trayectorias laborales son múltiples y cambiantes.
  • Acompañar desde la confianza: confiar en que la madurez y la experiencia acumulada ayudarán a tomar mejores decisiones.
  • Abrir espacios de diálogo: no dar respuestas rápidas, sino favorecer preguntas poderosas que inviten a la reflexión.

Ventajas de empezar de nuevo

Aunque al principio el cambio puede vivirse con miedo, hay grandes beneficios:

  • Mayor claridad vocacional.
  • Más madurez personal para decidir.
  • Desarrollo de competencias transversales (autonomía, resiliencia, autoconocimiento).
  • Un enfoque más realista sobre la vida académica y profesional.
  • Capacidad de adaptarse al cambio, una habilidad clave en el mercado laboral actual.

¿Cómo lo afrontamos desde un proceso de coaching?

Como coach y mentora educativa de jóvenes, en los procesos en los que abordo esta realidad con mis coachees, desde el respeto y la aceptación, ponemos el foco en:

  1. Reinterpretar el error: desde la psicología positiva (Seligman, 2011), equivocarse no es fracasar, sino generar aprendizaje. Cada paso ofrece información valiosa sobre quién eres y qué quieres.
  2. Lenguaje como posibilidad: en el coaching ontológico (Echeverría, 2003), cambiar la narrativa de “he perdido años” a “he ganado claridad sobre mí mismo” abre nuevas oportunidades.
  3. Proceso de identidad: Daniel Siegel (2012) señala que la adolescencia y juventud temprana son etapas de construcción identitaria. Cambiar de camino es parte de la consolidación de esa identidad.
  4. Fomentar la mentalidad de crecimiento (Dweck, 2006): cada error es una oportunidad de mejora, no una sentencia de incapacidad.
  5. Normalizar la exploración: los jóvenes necesitan saber que es legítimo probar, equivocarse y rectificar.
  6. Poner el foco en las fortalezas: identificar qué competencias personales y sociales han surgido del proceso (organización, resiliencia, capacidad de adaptarse a contextos diversos).
  7. Construir nuevas metas con sentido: que la nueva elección no surja solo como escape al malestar, sino como decisión coherente con valores, intereses y talentos.

La pregunta clave para nuestros jóvenes sería:

Si no hubieras pasado por este camino, ¿qué parte de ti no habrías descubierto?

En definitiva

Cambiar de rumbo en mitad de unos estudios no es rendirse, es atreverse a escuchar con honestidad lo que la propia vida pide.

La generación de nuestros jóvenes está aprendiendo a vivir en un mundo incierto, cambiante y lleno de posibilidades.

En este contexto, la rigidez no es fortaleza, sino obstáculo.

Acompañarlos en la valentía de empezar de nuevo es ofrecerles un regalo: el permiso para ser auténticos, para aprender de sus experiencias y para construir un futuro más alineado con lo que son.

Quizá la pregunta no sea si cambiar es un fracaso, sino si perseverar en un camino equivocado es la verdadera derrota.

Al final, la vida no se mide en años “perdidos”, sino en la capacidad de convertir cada experiencia en sabiduría para dar el siguiente paso.

Si eres joven y te encuentras en este momento personal, o bien eres madre o padre de un o una joven en esta encrucijada, podemos cerrar una primera sesión y ver de qué manera puedo acompañaros.

Un abrazo

Arantxa 😊

Referencias

  • Dweck, C. (2006). Mindset: The New Psychology of Success.
  • Echeverría, R. (2003). Ontología del lenguaje.
  • Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional.
  • Rogers, C. (1961). El proceso de convertirse en persona.
  • Seligman, M. (2011). La vida que florece.
  • Siegel, D. (2012). Cerebro adolescente.

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